Entrevista con Caños Baño «La administración es muy lenta, pesada y tarda mucho en reaccionar

En una época incierta, asumir el mando de una nave es una tarea ardua e incluso podríamos decir que valiente. Cuando una de las certezas indiscutibles es que la sociedad se encuentra en uno de los momentos más difíciles que se recuerdan en la historia reciente, el reto pasa a ser sin duda mayúsculo. Y en este contexto inició la Federación Alicantina de Comercio (Facpyme) el proceso de renovación de su junta directiva, en la que salió elegido Carlos Baño como presidente. El nuevo máximo representante de la patronal de los comerciantes de la provincia apuesta por la modernización del comercio de proximidad, con el objetivo de aprovechar la adaptación obligatoria, fruto de la reciente pandemia, para que el comercio más cercano pueda afrontar todos los retos que queden por venir.

Usted ya tiene experiencia en el asociacionismo y la organización empresarial, ya que ostenta el cargo de vicepresidente de la Cámara de Comercio de Alicante. ¿Qué le supone ser el máximo representante del comercio en la provincia?

Es un honor representar a un sector que llevo en la sangre antes de nacer. Soy quinta generación de comerciantes, por lo que es un orgullo impresionante.

Con esa tradición a sus espaldas, ¿qué le gustaría lograr durante su mandato?

El objetivo es ser útiles a las asociaciones que representamos. Queremos escuchar, porque creo que antes de hacer grandes historias primero tenemos que saber las necesidades de cada una de las comarcas. Por eso lo primero que hicimos fue ampliar el órgano representativo. Hasta ahora eran cinco o seis los componentes y ahora somos quince.

«La administración es muy lenta, pesada y tarda mucho en reaccionar» Cada una de las comarcas están representadas y cada una de ellas albergará eventos para tener contacto con las asociaciones y las administraciones públicas.

¿En qué situación se encuentra el comercio de la provincia en la actualidad?

Con los meses de cierre por causa de la pandemia, el comercio lo ha pasado muy mal. Después se consiguió volver a abrir pero con reducciones de horario y aforo. Esto ha supuesto una reducción muy importante de los ingresos del comercio. Como además venia de la mano del cierre de otro tipo de comercio que para nosotros es esencial, como es la hostelería, nos ha hecho muchísimo daño, porque la gente salía a la calle e iba a comprar lo puramente imprescindible, no se hacía una vida social.

¿Cree que la administración, es decir los políticos, han hecho un esfuerzo suficiente para ayudar al comercio durante este año de pandemia?

Las prometidas ayudas están tardando muchísimo en llegar y están llegando muy despacio. Ahora parece ser que van a empezar los bonos de consumo, que van a dar un poco de estabilidad, pero eso va a ser complicado porque la Generalitat nos dejó al comercio fuera del Plan Resistir; después parece ser que en el Plan Resistir II han tenido a bien de incluir algunos epígrafes, que no todos. Lamentablemente uno de los problemas que tenemos la sociedad empresarial, no ya el comercio, es que la administración es muy lenta, pesada y tarda mucho en reaccionar.

Ante esta situación que comenta, ¿cuáles son las principales demandas del sector?

Nosotros no queremos que se nos dé, pero que no se nos cobre cuando no podemos tener actividad. Lo que no tiene sentido es que si no puedes realizar tu actividad sigas pagando. Si no puedes ejercer la actividad, difícilmente puedes pagar un alquiler, y menos pagar estos impuestos, porque no generas.

¿Cuántos comercios calculan que han podido bajar la persiana de forma definitiva durante este periodo pandémico?

Por desgracia ese dato no lo tenemos. Lo hemos reclamado tanto a las cámaras de comercio como a PATECO. Cuando se da de alta un negocio sabes que tienes que ir a pedir licencias y proceder con miles de historias con la administración pero, sin embargo, cuando cierras, lamentablemente lo que haces es bajar la persiana, ponerte en contacto con el propietario del local si no es tuyo, y poco más. Estos datos no los tienes hasta pasado un tiempo. Sí que tenemos alguna información y el descenso de aperturas puede estar entorno a un 20%.

Habida cuenta de las pocas ayudas recibidas y de la vinculación inevitable de muchos comercios con el turismo, ¿considera que han sido uno de los sectores más afectados?

El comercio es muy variopinto, a algunos les ha afectado mucho la situación porque tenían una dependencia muy alta del turismo. Imagina un comercio en Guadalest que viva exclusivamente del comercio y de las visitas de turistas, esta pobre gente tiene que cerrar. En ciudades turísticas como Benidorm pasa lo mismo. Aquí el impacto en el comercio ha sido mucho mayor que, por ejemplo, el de poblaciones de interior que incluso pueden haber salido beneficiados algunos de los sectores porque el comercio es muy amplio.

¿Cómo afrontan el futuro?

Uno de los proyectos que tenemos, junto a la Diputación de Alicante, es el de ayudar a digitalizar los comercios. Durante la pandemia los consumidores han buscado soluciones a través de Internet. Lamentablemente las grandes plataformas han tenido una ventaja diferencial porque estaban preparadas, y el pequeño comercio estábamos más acostumbrados a esperar al cliente, no estábamos preparados. El consumidor ha perdido gran parte del miedo de poner su tarjeta en un dispositivo móvil u ordenador, y eso tiene que ser una oportunidad para nosotros. Es una de las debilidades que, si le sabemos dar la vuelta, lo podemos convertir en una ventaja, porque desde los comercios de proximidad podemos hacer una venta online que, además, se le podría sumar la venta asistida por parte del profesional que está en el punto de venta.